El Angel de Huerto

El Angel de Huerto

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Hace tres semanas, tuvimos en Belén Jesuit Preparatory School la acostumbrada representación anual en vivo de la Pasión del Señor. Me llego especialmente la unción con la que un estudiante de noveno grado hizo el papel de Jesús. Me consta que llevaba semanas preparándose espiritualmente. Asistimos unos trescientos fieles entre estudiantes, facultad y familias. La devoción de los presentes era palpable. Notable, después la intensa semana laboral que todos habíamos rendido. 

Como nosotros, incontables comunidades parroquiales y escolares católicas esparcidas por el ancho mundo hemos vuelto a acompañar amorosamente a Jesús camino hacia el Calvario. Dado que todos y cada uno de los dolorosos eventos de la Pasión Cristo participan del eterno momento presente de Dios, para los que amamos agradecidos a Jesucristo decir presente es y será siempre deber gozoso e ineludible. 

Gozoso, porque sus heridas sanaron y continúan sanando las nuestras. Ineludible, porque sólo olvidan los malagradecidos. Ineludible, también, porque la agonía de Cristo se extiende hasta el fin del mundo. Jesús continúa siendo maltratado, azotado y crucificado en sus hermanos. 

¿Cuáles? Los textos del “Via Crucis” que empleamos en todas partes nos remiten indefectiblemente a los marginados, los desvalidos, los migrantes, los presos, los ancianos sin familiares, etc. No lo duden, el impacto anual de nuestro acompañar de nuevo a Jesús hacia la colina del Gólgota es salvífico en grado extremo. Esos textos, solidarios al extremo, calan necesariamente nuestras almas y se traducen en raudales de bondad que se esparcen en tu entorno, el de todos. 

Si a todo le añades las acostumbradas resoluciones cuaresmales que hacemos de controlar nuestro egoísmo, sibaritismo insaciable o mal carácter muy pronto das una admirable veta de humanidad renovada presta a resucitar con Jesús.  

Queda algo por decir de la admirable ilustración gráfica que acompaña la columna. Se la debemos a Carl Bloch (1834 – 1890). Responde al texto del Evangelio de Lucas: “Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba" (Lc 22, 43). 

Se ha dicho que al abandonarle los hombres el Padre tuvo que recurrir a un ángel para confortarle. Valga la hipótesis. Pero viniendo al cómo, muchos nos han planteado que la manera como confortó a Jesús el ángel fue hablándole de parte del Padre acerca de los admirables frutos redentores de su Pasión y del afecto agradecido con que sus amigos nos dispondríamos a acompañarle piadosamente siglo tras siglo de Getsemaní hasta el Gólgota por todas veredas. 

Termino con estos versos de Gerardo Diego: 

“Padre, apártame este cáliz”. / Sólo el silencio le oye. / La misma naturaleza que le ve / no le conoce. 

Por fin, un Ángel desciende / mensajero de dulzuras / y con un lienzo de nube / la mustia cabeza enjuga. // Ya la luz de las antorchas / acuchilla de siniestras sombras el huerto de luna. 
Los discípulos despiertan. / Huye, ciega, la lechuza. / y Jesús, lívido y manso, / se ofrece al beso de Judas.

El autor es un sacerdote jesuita de Belén Jesuit Preparatory School. 

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